Make your own free website on Tripod.com








ANECDOTARIO DE LA VIDA NAVAL
¡ESAS ERAN COMISIONES!













Home

EL SARGENTO RONCALLI | ¡ESAS ERAN COMISIONES! | LA METEOROLOGIA Y LAS MAQUINAS VOLADORAS | ALMA QUE ANDAS PENANDO | CONFERENCIA INTERNACIONAL





Las escuelitas de Rio Grande, Tierra del Fuego
















A los conscriptos del BIM 5, se les permitía concurrir en determinados días de la semana a las escuelitas, de manera de combatir la peligrosísima visión blanca, propia de esas latitudes.
Una típica tarde de invierno de Río Grande, casi sobre retirada, fui convocado por el Segundo Comandante a su despacho. Esas reuniones de última hora, eran algo absolutamente normales, e indicaba que la jornada se prolongaría. Nuestras familias estaban habituadas a que por algún motivo, llegásemos a casa justo para el último llamado a cenar. No había teléfono.
Según explicó el Segundo Comandante, parece que existían ciertas quejas de las directoras de las escuelitas, porque nuestros colimbas, estarían yendo a sus citas sin asearse debidamente. En consecuencia, me enviaba en comisión a negociar, acompañados por los michis (guardiamarinas) del Batallón.
Los guardiamarinas escucharon el Plan General de la operación, visiblemente complacidos. A medida que hablaba, cruzaban miradas de complicidad, mientras sus mandíbulas iban cayendo poco a poco y sus lenguas comenzaban a colgarles por la comisura de los labios. Me pareció ver en alguno de ellos, que sus ojos hacían foco en la punta de sus narices.
Salimos (de uniforme verde) en cumplimiento de nuestra misión, a pie y por supuesto de muy buen humor.
Una visita de gente tan distinguida como nosotros, hizo que en cada escuelita, nos atendiese su directora con todas las maestras y sin alumnos de la competencia, porque todavía era muy temprano para las clases.
La tarea fue desarrollada seria y respetuosamente, guardando la verdadera impresión de la experiencia para nuestro coleto. Durante las charlas, bebimos whisky y fumamos cigarrillos de la mejor calidad, ante la permanente insistencia de nuestras anfitrionas, que parecía no tener fin.
Esto se repitió en cada una de las escuelitas, pudiendo experimentar en la práctica, lo que es motivo de tantos libros especializados en sociología y psicología.
Existía un denominador común en todas ellas: las maestras se quejaban de la competencia desleal que existía en el pueblo, dando nombres y detalles de algunas señoras amateurs, que según decían, les quitaban alumnos.
Observé que el michaje tomaban nota del invalorable dato, sonrientes y entusiastas. (Sólo el michaje).
Fue así que en cada una de las escuelitas, logramos arribar a un acuerdo económico, higiénico y periódico, que resultaba ampliamente satisfactorio para ambas partes.
Sobre todo satisfactorio.
Al culminar la última visita, estábamos completamente borrachos, por lo que para regresar, nos ayudamos mutuamente, mientras avanzábamos trabajosamente sin rumbo definido, pero con dirección general Casino.
Recalamos con los michis a pesar de las dificultades existentes, los cuales estaban encantados de haber engrosado la agenda.
Luego de despedirlos, me dirigí a mi hogar dulce hogar junto al mar, satisfecho de haber cumplido con la misión negociadora impuesta por mi Segundo Comandante.
Cuando ingresé a casa, mi mujer me miró entre asombrada e indignada y como es natural, me preguntó, creo recordar que con cierta energía, de dónde venía en ese estado.
Una de las características de la borrachera, es que desinhibe, por lo que contesté.
- De dónde voy a venir ...¡del quilombo!
Lo que sigue debería titularse: de cómo el cumplimiento de una misión, no siempre es debidamente interpretado por la esposa del misionero.